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18 abril, 2010

Mauricio … ¿1 + 1 = 3? - Análisis de la gestión educativa en la CABA

Como hemos comentado en otros post, la relación entre el macrismo y la educación no han sido para nada agradable. Desde los paros docentes, las escuchas telefónicas dirigidas dentro del ministerio de educación, la consecuente renuncia del ministro Narodowski, la designación y pronta retirada de Abel Posse, y la entrada de una entera camada de egresados de la UCA, lugar de egreso del actual Jefe de Gobierno Porteño Mauricio Macri, con estrechos vínculos a represores de la dictadura y al episcopado como Antonio Bussi.
Pero en este caso queremos enfocar la mirada en otro aspecto, que no es para nada ajeno a todo lo anterior. Queremos evaluar la tan famosa gestión de Macri, en particular en el área de educación. Para ello haremos una revisión de la situación general de la educación pública en la Ciudad de Buenos Aires, en términos de estructura y financiamiento.
La Ciudad de Buenos Aires, en materia educativa, tiene un gran déficit edilicio, esto se traduce a una enorme diferencia entre las vacantes demandadas por la ciudadanía y lo que la ciudad oferta (http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-122051-2009-03-25.html). Es común escuchar que la parte sur de la CABA es siempre discriminada en lo que compete a los servicios públicos. En el eje educativo, esto tiene una fuerte relación en tanto que es la zona de mayor ratio cantidad de alumnos/cantidad de establecimientos:
Gráfico 1: Indicador Alumnos por unidad educativa (2005)

Elaboración propia en base a los datos de la Dirección de Investigación y Estadística. GCBA
En este cuadro vemos la enorme diferencia que existe entre la zona sur de la CABA y el resto (ver Mapa de Distritos Escolares y Barrios). Citando el caso más crudo, el distrito 21, que comprende los barrios de Villa Soldati, Villa Lugano y Villa Riachuelo, el promedio de alumnos de nivel primario duplica al promedio general de la ciudad (664 vs. 332). En el caso de los alumnos de nivel medio la situación se acentúa, ya que el promedio de los alumnos por U.E. (pública y privada) es de 396, pero el promedio en la U.E. de gestión estatal es de 717.
Claramente la forma de resolver este problema es a través de la creación de nuevos establecimientos en las áreas donde más se demandan ¿cuáles son estos? El gobierno de la ciudad no brinda ningún dato sobre la demanda puntual de vacantes, esto puede ser porque no tienen interés de divulgarlo o porque, lisa y llanamente, no tienen datos. Sobre esto existen informes brindados por ONG’s de distinto tipo. El informe más concreto es el de ACIJ donde aparecen datos sobre las diferencias entre las vacantes demandas contra las que la Ciudad asegura.
Pero dado que la mayoría coincide en que la forma de resolver esto es a través de nuevos edificios educativos, veamos cuánto dinero ha destinado el GCBA a ese propósito en los últimos dos años:
En el presupuesto 2009 se asignó a Educación un total de $4.518.170.379, siendo $4.191.855.901 destinado a los gastos corrientes y $326.314.478 en materia de inversión, es decir: menos de un 8% del presupuesto total se dirige al mantenimiento y creación de nuevas escuelas. Pero sigamos mirando un poco más de cerca el asunto, ya que hasta aquí tenemos la asignación inicial, por lo que debiéramos ver es si de ello se ejecutó todo lo planeado. Para el 4to trimestre del año 2009 se ejecutó un total de $123.092.514, es decir un 37,72%. Para el año 2010 se aprobó el presupuesto presentado por el Ejecutivo que asigna $177.216.817 en materia de inversión en educación, una baja nominal del 45% y una real del 50%(1).
La única conclusión que puede sacarse de estos números es que la gestión de Mauricio Macri no solo no quiere resolver el problema educacional, sino que pareciera querer empeorarlo.
Hasta aquí uno puede pensar que a la gestión actual no le importa en lo más mínimo la educación, sin embargo a la gestión le queda un as bajo la manga o, mejor dicho, dentro de la billetera. Existe una partida, dentro de la cartera de educación, que ha venido aumentando año tras año: Transferencias a Escuelas de Dominio Privado.



En este gráfico podemos observar la relación inversamente proporcional que existe entre los subsidios que da el GCBA a los colegios privados y el dinero que destina a la creación de nuevos establecimientos.
Lo primero que uno debiera preguntarse es: ¿por qué motivo el Estado debe financiar el gasto de escuelas privadas? Para esto conviene revisar el texto del decreto Nº 2542/91, donde vemos, en su considerando, lo siguiente:
“Que la nueva normativa debe contribuir a garantizar el derecho de aprender y consecuentemente de elegir escuela, en ejercicio de la libertad de enseñanza, según lo establece la Constitución Nacional.
Que corresponde asegurar a todos los habitantes la igualdad de oportunidades para acceder a la educación mediante un sistema de financiamiento de la educación pública de gestión privada, que prevea la aplicación equitativa, racional y eficiente de los recursos de Estado.”
Es decir, los subsidios debieran destinarse a los sectores de la CABA donde existen déficits altos a la hora de garantizar el acceso de los chicos a un aula. Veamos entonces cómo se distribuyen los subsidios, agrupando los distritos escolares que están por encima y por debajo del promedio según los datos del Gráfico 1:


Elaboración propia en base a los datos de la Dirección General de Educación Privada. GCBA.
Este cuadro pone en evidencia que no existe ninguna política distributiva que intente resolver la garantía efectiva del acceso a la educación. En el caso del nivel primario la distribución es casi igual y en el caso del nivel secundario hay más dinero para las zonas con menor cantidad de alumnos por U.E. que el promedio de la CABA.
Si efectivamente los subsidios a los colegios privados son un mecanismo de igualación de oportunidades, el macrismo no ha entendido absolutamente nada. Pero hay un dato curioso: según la constitución nacional, el Estado debe garantizar la educación pública, gratuita y laica. Cuando uno observa la cantidad de escuelas privadas financiadas por el GCBA va a encontrarse con una enorme cantidad de colegios católicos que, en su mayoría, cobran cuotas irrisoriamente inaccesibles para la gente que debe mandar a sus chicos al colegio. Tomemos el caso puntual del colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, colegio católico emblema del barrio de Belgrano, que cobra una cuota promedio de $1.200, tiene un nivel de aporte, los cuales se destinan exclusivamente al pago de sueldos docentes, del 40% (más de $310.000) en concepto de subsidios. Este colegio está ubicado en el D.E. Nº 9 donde tanto la cantidad de alumnos del nivel primario (249 por U.E.) como del secundario (266 por U.E.) se encuentra por debajo del promedio (292 y 396 respectivamente).
De lo visto hasta ahora podemos sacar la evidente conclusión de que la educación pública no tiene lugar en la agenda del macrismo y que los únicos beneficiarios de su gestión son los colegios privados, católicos en su mayoría, que ven crecer año a año sus ingresos en concepto de subsidios.
Síntesis del diagnóstico:
  • Falta de vacantes en la CABA.
  • Hacinamiento en la mayoría de la aulas de la zona sur de la ciudad.
  • Caída abrupta en la inversión en nuevos edificios educativos.
  • Alta subejecución en materia de inversión educativa.
  • Inexistencia de política distributiva a través de subsidios destinados a garantizar el acceso de los chicos a las escuelas.
  • Excesivo crecimiento de subsidios a colegios privados.

Nuestra propuesta:
Para resolver el problema de las vacantes, obviamente, hay que crear nuevos edificios, pero mientras tanto ¿qué hacemos con los subsidios?
Opción I:
En primer término podrían reasignarse de forma tal que, en las zonas que realmente tienen problemas serios de infraestructura y vacantes, se pueda asegurar el ingreso de todos los chicos al colegio, es decir, virar los recursos a las zonas más afectadas quitándolos de las que menos problemas tienen. A su vez, se debe crear un fondo de inversión en materia educativa que esté destinado específicamente a la creación de nuevos establecimientos. De esta forma el Estado podrá asegurar mayor cantidad de matrículas año a año y, progresivamente, ir quitando subsidios a colegios privados de la zona, ya que ahora el Estado puede garantizar mayor cantidad de ingresantes. En otras palabras, la solución sería invertir la relación del Cuadro 2, y lograr que, año tras año, la partida de subsidios vaya disminuyendo a la par que aumenta la de inversión. De esa forma, los considerandos del decreto quedarán sin sustento y no habrá necesidad de destinar recursos en concepto de subsidios y el dinero que hacia allí se destinaba, podrá ser utilizado, tanto en materia de remuneraciones como materia edilicia, para el mantenimiento de los nuevos colegios públicos.
Opción II:
Pero dado que la obligación por parte del Estado, de garantizar la educación pública, gratuita y laica, es con los chicos y no con los colegios privados ¿por qué los subsidios van a los colegios y no a las familias? ¿cómo lograríamos que los subsidios lleguen directamente a la familias? Para resolver ese problema se podría implementar un sistema centralizado de inscripción a través de Internet, CGP o Comunas donde se puedan anotar los chicos, durante un determinado período de tiempo, estableciendo preferencias de colegios y zonas. Una vez finalizado el período de inscripción se determinará, mediante un criterio específico, qué chico irá a qué colegio, tratando de respetar las preferencias de cada familia. En caso de que ello no se logre, se brindaran otras opciones, dentro del propio distrito escolar, donde puedan enviar a sus hijos. Si el colegio elegido queda lejos se le deberá brindar un subsidio a la familia, en concepto de viáticos, para poder garantizar el acceso al establecimiento. En caso de que no haya más establecimientos públicos en la zona se deberá brindar un subsidio, en caso de que lo necesite, a la familia, para que pueda inscribir a su hijo en un colegio privado. De esta forma evitamos que el dinero vaya a las instituciones, con las cuales el Estado no tiene ningún tipo de compromiso, y se redirija a las familias. Esto requerirá de un seguimiento mensual de cada estudiante para garantizar que cada uno de ellos esté yendo al colegio, misma condición del Ingreso Universal por Hijo. De esta forma centralizada se evitaría una doble asignación y generaría una información mucho más potente para poder hacer el seguimiento de la eficiencia del plan en cuestión. A su vez, un análisis sobre las preferencias por determinados colegios podrá dar un indicio del nivel de cada uno de ellos (no es novedad el hecho de que existen colegios públicos con distintos niveles académicos) y del por qué en cada caso. A la postre el Estado tendrá las suficientes vacantes, en cantidad y calidad, para poder cubrir la demanda de toda la ciudadanía.

Nota al pie 1: Tal como lo hicimos en el post sobre el Presupuesto 2010 propuesto por el GCBA, tomamos la inflación en un 9%, dato extraído de los considerandos del proyecto de ley presupuestaria: “Por ello, dado el tipo de cambio promedio estimado en el Presupuesto Nacional y la expansión moderada del consumo esperada, la tasa de inflación debería estar dentro del rango de un dígito de crecimiento.” Al parecer, a veces conviene ser un poco oficialista y defender la intervención en el INDEC.

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25 enero, 2010

Perversiones neoliberales

La fuerza productiva de los trabajadores en una sociedad depende en gran medida de la educación y la salud. Además de su efecto indirecto en la calidad de vida, mediado por la distribución económica de la producción, la salud y educación son en sí mismos factores determinantes del bienestar social. La implementación de las políticas neoliberales a partir de la dictadura militar y sobre todo durante los 90 implicó la privatización de servicios y empresas estatales. Si bien los sistemas de salud y educación no fueron privatizados como tales, avanzó la provisión privada en los sectores. Ese proceso económico tuvo un correlato en el terreno de la lucha ideológica, cuyo resultado fue la instalación en el imaginario colectivo de la idea de que la gestión privada es más eficiente que la pública, que las mejores soluciones son las soluciones de mercado. Las políticas de desfinanciamiento público fortalecieron la imagen de ineficiencia estatal que el propio neoliberalismo predicaba.
La liberalización de los servicios sociales, aún cuando no se avanza en la privatización total, pone en primer lugar una etiqueta de precio a los derechos humanos más básicos; conspira contra la igualdad de oportunidades, tan pregonada por el liberalismo en su juventud revolucionaria; conlleva a la fragmentación social, dividiendo a la clase obrera en estratos de tal forma que se rompen lazos de solidaridad e intereses comunes de la clase como tal. Esta diferenciación hacia dentro de la clase obrera responde a la diferenciación en el proceso de producción. La minimización de los costos de reproducción de la fuerza de trabajo requiere una provisión diferenciada de salud y educación según el tipo de labor desempeñada.
Por otro lado, la liberalización configura un sistema perverso, en el que se constituye un círculo vicioso. Puntualmente, el desfinanciamiento de la salud pública reduce la calidad y la accesibilidad de la misma. Esa disminución de la accesibilidad se pone de manifiesto en los tiempos de espera para conseguir turnos. En la salud privada, ese problema no existe. Cualquier exceso de demanda se resuelve o bien, a través del clásico mecanismo de precios, o bien mediante la sobreexplotación de los trabajadores de la salud. Esa sobreexplotación se manifiesta en tiempos insuficientes de atención a los pacientes, con turnos de duración predeterminada. Quienes quedan excluidos del sistema por los precios crecientes, pasan a presionar al sector público, aumentando la deseabilidad del sistema privado. Esto es así a pesar de la regulación estatal de facto (vía acuerdos de precios) en el sector privado, ya que el poder de lobby hacia el gobierno y de mercado hacia los prestadores que poseen las prepagas tiende a neutralizar los efectos de dicha regulación.
Otra faceta perversa de la liberalización con desfinanciamiento público radica en la mayor capacidad de atracción de médicos que posee el sector privado. Una parte importante de esos profesionales se van formando primero en la Universidad pública y después en los hospitales públicos a través del sistema de residencias. Es decir, con una altísima inversión por parte del Estado. Pero una vez superada la etapa de formación, la capacidad de retener profesionales en el sistema público disminuye de forma acentuada. La capacidad de atracción que ejerce el sector privado refuerza la idea de superioridad de la gestión privada sobre la pública.
El sistema mixto se presenta como una forma de ampliar la libertad de elección. Pero lo que desde el punto de vista individual aparenta ser una decisión libre, pagar para obtener mejor provisión de salud o utilizar un servicio gratuito de menor calidad, es a nivel agregado un resultado que ya está determinado. Existe una capacidad dada para proveer salud. La distribución de esa capacidad entre el sector privado y el público depende de una puja por los recursos en la que las empresas llevan las de ganar y el Estado va a menos por el desfinanciamiento crónico del sector. A su vez, el sector privado puede excluir del servicio mediante precios mayores, para mantener los márgenes de ganancia y los niveles de calidad. También puede desconocer la cobertura a enfermedades preexistentes en cada caso. El Estado no puede recurrir a esas opciones.
En cuanto a la educación, para tomar por caso el nivel superior, existe una avanzada de las universidades privadas que se remonta a la sanción de la resistida ley de enseñanza libre del ’58, pero que se ha ido durante los años de políticas neoliberales. En este caso, también se perfila una oferta diferenciada de trabajo. Aquí no solo se trata de restringir la educación de mayor calidad a los ricos, sino también de abaratar los costos de la fuerza laboral formada a medida de las necesidades del capital, con carreras orientadas a la especialización técnica, desprovistas de la formación científica-humanística. Se conforman entonces 2 tipos de educación superior privada. Uno de alto costo, con carreras orientadas a la actividad científica, la formación de cuadros técnicos y políticos, con altos niveles de exigencia y articulado con prestigiosas universidades extranjeras; y uno de bajo costo y de menor exigencia, destinado a abaratar la mano de obra especializada. La degradación del rol científico de las universidades y su subordinación a los sistemas académicos internacionales condiciona severamente la capacidad de desarrollo del país a largo plazo.
En el ámbito de la ciudad, a partir del retroceso a la derecha a partir de la asunción de Macri, se volvió a la senda del privatismo y las privaciones para los sectores populares. A modo de ejemplo, en el terreno de la salud el gobierno PRO avanzó en la tercerización de la facturación de servicios a obras sociales y prepagas en los hospitales públicos. La idea es que los hospitales empiecen a tener fuentes de financiamiento propio, de forma de liberar recursos públicos y orientar la actividad hacia una lógica de maximización de ingresos. En el plano de la educación, la maniobra de mercantilización es todavía más clara, con una reducción del presupuesto de inversión en escuelas públicas y un aumento de los subsidios a las escuelas privadas de la ciudad (próximamente, profundizaremos sobre este tema).
No se trata de adoptar un estatismo a ultranza como reacción a las posturas privatistas. Para desarrollar soluciones superadoras, es necesario reconocer los problemas propios de la gestión pública. La burocracia, la ineficiencia y la insuficiencia de incentivos para brindar servicios de calidad son problemas reales. El financiamiento insuficiente es un problema con el que habrá que lidiar durante mucho tiempo, ya que no es exclusivamente un problema de voluntad política sino que depende además de restricciones económicas reales. Por un lado, la creación de sistemas universales, sin espacio para la apropiación privada de rentas y de servicios, constituye un paso importantísimo en el aumento de la calidad de vida de la población y en la construcción de una sociedad igualitaria. Por otro lado, ese sistema no podrá superar las contradicciones que se usaron como excusa para las privatizaciones si no se lleva a cabo con la participación democrática directa en los procesos de dirección y control. Esto es lo original, la tercera vía en la trampa ideológica de Estado vs. Mercado. El gran desafío es lograr imbricar procesos de participación genuinamente democráticos en la provisión de servicios sociales. En dicha construcción, el actor clave es el colectivo de trabajadores. Pero la construcción no puede detenerse allí. Es necesario involucrar a los destinatarios, especialmente a los sectores vulnerables. El riesgo es que se formen camarillas, que terminen apropiándose de las estructuras estatales para beneficio personal.
Si bien a partir de la crisis del 2001 existe una reacción al paradigma neoliberal, la misma fue hasta ahora tibia e insuficiente. No se llegó aún al punto de plantear reformas radicales en la provisión de la salud y la educación. La crisis mundial y la coyuntura política actual están abriendo la oportunidad para reabrir el debate. Para llevar adelante mejoras sustanciales en el bienestar social es necesario rediscutir la forma de provisión de los servicios estratégicos. No se trata de volver a un pasado idílico, sino de ir más allá. El capitalismo está llevando a niveles crecientes de exclusión y marginación. La acumulación de capital relega a la condición de sobrantes a grandes masas humanas, que pierden el acceso a la salud y la educación. Es decir, en un mismo proceso, desperdicia la capacidad de trabajo actual y deteriora la capacidad de trabajo futura. Es el momento de brindar respuestas originales, que conjuguen las necesidades económicas con la potencialidad de la organización de los sectores populares.

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10 junio, 2009

Sobre los Bachilleratos Populares

El brutal y recurrente bastardeo del discurso político no ha llegado todavía a negar que la educación es un tema de debate necesario. Todavía existe algún vestigio de que en las aulas se formarán los futuros líderes, profesionales, ciudadanos, etc. Ahora, más allá del sentimiento nostálgico ¿hay ningún tipo de debate? Las únicas discusiones que aparecen en torno a la educación suelen estar ligadas al salario docente, a las condiciones edilicias, etc. Nadie niega que deban discutirse estos temas pero ¿no debiera también discutirse qué rol debe jugar la educación dentro de un proyecto de país? ¿No debiera someterse al sistema educativo a una crítica sobre la vigencia de sus objetivos y de sus formas? La intención de este primer post sobre educación es difundir la experiencia de los Bachilleratos Populares quienes sí dieron paso a la discusión de estos temas, que decidieron tomar la educación en sus manos e iniciar un proceso de transformación del sistema educativo tomando como primera pregunta ¿qué lugar tiene la educación en el marco de un proyecto de país?

Encuadre general:

En principio nos bastaría decir que un Bachillerato Popular (BP) es un espacio que intenta formar sujetos críticos en base a una noción distinta de la educación. ¿Qué es lo distinto? Arranquemos por el análisis de su forma pedagógica. En sí los BPs no tienen la misma concepción en cuanto a la forma de enseñanza respecto a la educación formal. En ellos aparece una forma que intenta crear un vinculo fuerte entre la realidad específica (en tiempo y, sobre todo, en espacio) de cada sujeto con el sujeto mismo. Esta premisa tiene su justificación en que las formas de la educación formal, por las cuales han pasado todos los estudiantes de los BPs, están basadas en un concepto abstracto del conocimiento, un conocimiento cuyo sólo objetivo es llenar de saberes universales a sujetos que, luego de pasar por las instancias requeridas, deberán utilizar dichos saberes para poder adaptarse al medio (1). En este sentido intercede la educación popular. Desde sus orígenes, en Brasil, la educación popular tuvo como objetivos transformar la realidad en la cual se encontraban esas personas. Una realidad signada por la falta de conocimiento del lenguaje, por ende, inhabilitados a organizarse para cualquier tipo de fin. En ese sentido, de la mano del MST, en Brasil se comenzó la puja por una educación que tuviera como finalidad el crear sujetos capaces de organizarse para poder iniciar un lento proceso de transformación de su realidad objetiva. He aquí la principal diferencia entre la educación formal y la educación popular: en la primera no existe más objetivo que llenar las cabezas de los individuos para que los mismos puedan adaptarse a su medio, independientemente del contexto específico de cada uno. En la segunda se ve claramente que el objetivo no radica en la adaptación del sujeto sino que implica la necesidad de la transformación del medio en el cual esos sujetos viven.
Frente a un objetivo distinto deviene un método distinto. La forma de los BPs está basada en generar un espacio no vertical donde los estudiantes puedan apropiarse del conocimiento de forma directa. Es decir, se presenta la necesidad de generar un conocimiento que de cuenta de su realidad específica, que sea capaz no sólo de comprender su realidad, sino que también pueda transformar esa realidad. Entendiendo que la forma más potente de transformar esa realidad es mediante la cooperación entre estudiantes y profesores, se lleva a la práctica un espacio en el cual los mismos intercambian saberes orientados a accionar sobre esa realidad.
Los BPs nacen, en Argentina, frente a una manifiesta exclusión de la escuela formal pública originada, no sólo en los fundamentos de la misma, sino también, en el proceso de degradación que sufrió la educación pública en las últimas 4 décadas. Nacen frente a la creciente privatización de la enseñanza, no sólo manifestada en el avance del sector privado en este campo, sino también en el desinterés por parte del Estado en cuanto a la importancia relativa de la educación en un proyecto de país (quedará para artículos posteriores analizar la unidad de este proceso y sus implicancias). Es por ello que los BPs están ligados a la crisis de 2001, crisis que encarnaba todos estos aspectos y arrastró consigo a la sociedad argentina a una de sus más crudas miserias.
También es cierto que todos los BPs están ligados a organizaciones sociales, de mayor o menor envergadura. Esto da cuenta de que las organizaciones sociales perciben a la educación como arma principal para la lucha por un país-mundo más justo (cualquiera sea la forma de este). La lucha actual de los bachilleratos populares está en lograr la oficialización de sus títulos, es decir, en la generación de un marco legal que reconozca la experiencia de los bachilleratos populares como otra forma de educación posible. Bajo las normas vigentes, los BPs son reconocidos como instituciones privadas, lo cual implica una diversidad de impedimentos legales para la obtención de medios (herramientas, subsidios, etc.) para lograr un funcionamiento normal y digno en cada BP.
Es conveniente aclarar que el objetivo de los BPs no es servir de complemento, o suplir una necesidad que el Estado ha relegado. La acción política de los BPs es operar sobre el desarrollo de la conciencia de los individuos a fin de crear entre los mismos la capacidad de cooperar para poder transformar su realidad objetiva. De esa forma colectiva generar un país/mundo más justo e igualitario. Este objetivo se plasma en la apertura de espacios en donde sectores populares puedan hacerse responsables de sus propias vidas en un colectivo a través del debate y reconocimiento de su propia acción.

Perspectivas:
Habiendo hecho un breve análisis sobre los BPs, tratemos ahora de ver cuales son las potencialidades que de sí se desprenden.
Existe una corriente, dentro de los sectores de la educación, que propone llevar a la escuela formal, en especial a la escuela pública, las formas y los contenidos que aparecen en los bachilleratos populares. Es decir, operar sobre las formas pedagógicas de la educación formal a fin de convertirlas en prácticas de tinte más horizontal y que posibiliten la formación de sujetos críticos dentro del sistema formal de enseñanza (2). Esta corriente plantea, a su vez, que la creación de los BPs está ligada a la dificultad que encuentran muchos profesionales para poder ejercer la docencia (3). Como todo intento de análisis que se base en la expresión sin preguntarse el por qué, esta corriente no puede dar cuenta de que la razón misma de existir de los BPs es otra muy distinta a la de la educación formal. Como dijimos anteriormente la educación formal tiene como objetivo formar sujetos adaptables al medio, en cambio la educación popular tiene como objetivo la formación de sujetos que sean capaces de operar colectivamente sobre la realidad a fin de transformarla (4).
Pero tratemos de analizar ahora las potencialidades que tiene el BP por sí mismo, es decir, analicemos las potencias de su propia acción política concreta. Es claro que a la hora de generar una acción política deben aparecer los medios (cualquiera sea la forma de estos) que posibiliten llevar acabo dicha acción. Entorno a esto surgen los principales conflictos y contradicciones de los BPs. La lucha por el reconocimiento de parte del Estado de la experiencia educativa popular encuentra un límite específico, a saber: ¿por qué el Estado debiera incluir estas formas de educación si ha denigrado y postergado a la educación pública? es más ¿por qué un Estado debiera brindar los medios necesarios para generar procesos políticos autonomistas que tengan como potencialidades la abolición de una lógica mercantil aplicada a la educación (y no sólo a ella) y a fin de cuentas, la abolición de su propia necesidad de existir?
Frente a esta disyuntiva habrá algunos que dirán que la autogestión es posible y que es la única vía de acción coincidente con las propias determinaciones de un BP y por ende la única capaz de desarrollarlas. De otra forma se caería en la politiquería sucia representada por los partidos políticos y su inseparable accionar clientelístico, usufructuantes de la miseria que se desea erradicar. Aunque, por otro lado, es de notar que el escenario donde quedan circunscriptos los BPs es tal por carecer de los medios mismos y por tanto, incapaz de generar una transformación. De aquí se desprende que los medios que permitan la concreción de dicha acción deben provenir de un afuera, en otras palabras, este proceso debiera reconocer la unidad que existe dentro del mismo sistema capitalista y su inseparable dependencia, es decir, debiera suprimir sus pretensiones autonomistas. Este problema general está un discusión constante ya que, si bien no aparece de esta forma, toda acción política que se desprenda de los BPs está íntimamente ligada a esta dicotomía inconclusa.
Dadas las condiciones actuales en las cuales se encuentran los BPs, es de esperar que dicha acción política no se haya discutido. La mayoría tiene que lidiar en este momento con la generación de normas internas que manifiesten sus pretensiones (por ejemplo: cómo evaluar los contenidos, cómo encarar la cuestión de las asistencias, cómo construir el espacio propio, etc.). La pretensión de este artículo es doble: por un lado dar a conocer las nuevas experiencias educativas-transformadoras y por el otro poner de relieve los conflictos y contradicciones que las mismas generan, a fin de plantear el debate correspondiente.

Notas al pie:
1. Se puede decir que, desde la perspectiva de los BPs, la acción devenida de la educación formal sólo reproduce al sistema y por lo tanto no es capaz de transformarlo. Es en éste sentido en el cual se hace la diferencia entre adaptación y transformación. Cabe mencionar que este es un tema bastante delicado de discusión, ya que todos los docentes de los BPs son egresados de la escuela formal y, gran parte de ellos, transita en la universidad pública. Entonces, ¿es el tipo de educación formal la responsable de reproducir individuos adaptables? Obviamente no en su totalidad. A su vez, sería un error desenmarcar a la educación pública con el modelo neoliberal causante de enormes daños a todo lo que otrora tuvo algún rótulo de público. Es bien entendido por los BPs que no es sólo la educación formal la que reproduce individuos adaptables, sino que existe todo un modelo más amplio detrás que así lo hace. Los BPs intentan modificar esa reproducción de sujetos individualistas a través de la educación, tanto por elección como por posibilidades concretas de hacerlo.
2. Este discurso está basado en las declaraciones de la docente Laura Marrone (Ademys) en la discusión presentada en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) en el marco del debate titulado: “Lo público/lo privado: surgimiento y reconocimiento de los bachilleratos populares” organizado por Inédito Viable (Espacio Universitario en Cs. de la Educación).
3. Recordemos que un profesional por más recibido que esté debe contar con un profesorado para poder ejercer la docencia acorde a las normas. De la norma a la realidad hay mucha distancia.
4. Que quede claro que aquí no se está discutiendo el hecho de que la acción transformadora, generalmente llamada revolución, deba venir desde adentro o desde afuera del sistema, simplemente nos limitamos a exponer las posturas más relevantes respecto a este tema.


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