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06 agosto, 2010

Jornadas de formación junto a los compañeros de Usina Cultural del Sur.

Los compañeros de Usina Cultural del Sur nos invitaron a participar en el dictado de unas jornadas de formación denominadas "A una década del 19/20 de Diciembre. Balance y escena contemporánea.", las cuales constarán de cuatro encuentros que se realizarán durante el mes de agosto y la primera semana de septiembre en Bulnes 326, Almagro. A continuación detallamos el cronograma de encuentros y sus respectivos contenidos, los cuales también se encuentran contenidos en la gacetilla de difusión.
Los invitamos a asistir y participar activamente de los mismos.
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CRONOGRAMA Y CONTENIDOS.
Todos los encuentros se realizarán de 19 a 21 hs.
En Usina Cultural del Sur (Bulnes 326, Almagro).

1er Encuentro: VIERNES 13 de Agosto.
Introducción: del '76 al 20-D. Transformaciones estructurales.
Bibliografía.
Basualdo, Eduardo, Sistema político y modelo de acumulación en la Argentina: notas sobre el transformismo argentino durante la valorización financiera, 1976-2001. Bernal: FLACSO. Programa Argentina, UNQUI, IDEP, 2001.
Villareal, Juan, Los Hilos Sociales del Poder, en Crisis de la Dictadura Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 1985.
2do Encuentro: MIÉRCOLES 18 de Agosto.
El 2001. Caracterización de la crisis. Actores sociales y cambio de época. De las caracterización realizadas en el 2002 hacia el presente.
Bibliografía
Svampa, Maristella, Cambio de época. Movimientos sociales y política (selección), Buenos Aires, Siglo XXI, 2009.
Colectivo Nuevo Proyecto Histórico, Crisis orgánica en la Argentina, Buenos Aires, enero de 2002.
Colectivo Situaciones, 19 y 20: apuntes para el nuevo protagonismo social (selección), Buenos Aires, Tinta Limón, 2002.
Lozano, Claudio, Avance Popular, Crisis de Hegemonía y Obstáculos para la profundización democrática (Argentina 2001-2006), en Revista Pampa, Nº1, Agosto 2006.
3er encuentro: VIERNES 27 de Agosto.
Introducción crítica a la post- convertibilidad. Renta de la tierra, salarios, inflación, deuda externa y reservas.
Bibliografía
Grupo TPI - Conciencia Crítica, Salarios e inflación: ¿una dicotomía perversa? Las causas de la inflación actual y sus consecuencias en la distribución del ingreso, en Revista Kamchatka Nº 4, editada por la Agrupación SoS , Buenos Aires, marzo 2010.
Grupo TPI - Conciencia Crítica, Documento de Discusión Nº 3, Buenos Aires. (en prensa)
4to Encuentro (CIERRE): MIÉRCOLES 1º de Septiembre.
Recomposición política y cambios en el modelo económico y social. Cambio de etapa, bipartidismo. La escena contemporánea a una década de kirchnerismo. Recortes: 2003- 2008, 2008- 2010.
Bibliografía.
Lozano, Claudio, Una mirada sobre la coyuntura económica y social, Buenos Aires, febrero de 2008.
Palombi, Ariel, Análisis de Coyuntura , Septiembre de 2010.

Los textos podrán retirarse en forma gratuita en Bulnes 326, a partir del jueves 6 de agosto, de 16:30 a 20:30.
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28 noviembre, 2009

La derecha es de derecha

Mauricio Macri se presentaba por fuera de las dicotomías clásicas. Derecha? Izquierda? De qué me hablan? Categorías vetustas, añejas. Yo soy joven, canchero, armé un partido de la nada, yo no soy de derecha ni de izquierda. Yo vengo a gestionar. Y vaya si lo hizo. Repasemos brevemente sus principales obras:

Subtes y tránsito
No hay que tener un Doctorado en Planificación urbana para darse cuenta de que a esta ciudad le vendría bárbaro más y mejor subte. Pero el especialista en gestión, que había prometido construir 10 km de subte por año, decidió que no hay plata, y se pararon todas las obras. Para indignarse, lea por acá. Ahora pidieron un crédito -para eludir la canilla cerrada del gobierno- y se proponen continuar la ampliación. Creen que, subido a esos vagones, pueden llegar a la presidencia. Será?
A pesar de los cambios de dirección, los carriles exclusivos que no son tales y los nuevos parquímetros (muchas veces retirados ante las enérgicas quejas de la clase media con voz) la ciudad de Buenos Aires no parece haber mejorado en lo que a tránsito refiere.
Ñoquis en el gobierno de la ciudad

Sea ciudadano, denuncie al de al lado! Ese parece ser el nuevo lema de los que hacen Buenos Aires. En efecto, si hoy se siente particularmente garca, haga click aquí. A eso se suma el Registro de Empleadores Online que tendrá datos sobre los empleados proporcionados por las empresas y que, luego de varias protestas, omitió el apartado dedicado a "adicciones", perteneciente obviamente a la vida privada de cada uno.
Los mecanismos elegidos por Macri para eliminar la corrupción y los ñoquis de la Ciudad son curiosos, dado que al mismo tiempo, Macri firmaba con Genta (SUTECBA) un acuerdo –destinado a limar las asperezas generadas por la intervención de OBSBA- que implicaba un pase a planta permanente a 17.000 contratados. La medida es positiva, pero ¿no habría que hacer una evaluación previa?.

Limpieza de calles
Además de pronunciarse públicamente en contra del corte de calles por la razón que sea (“basta de joder a la gente que trabaja”, dice), el jefe de gobierno diseñó una unidad especial para liberar la vía pública, conocida como la UCEP. Esta unidad suele actuar por las noches (a pesar de que "trabaja las 24 horas") y de manera violenta (aunque su único objetivo es "disuadir"), con lo cual desde su creación hasta ahora fue denunciada numerosas veces.

Policía
Jefes con prontuario, espías, intrigas familiares, la policía de Macri es ciertamente de película y de una de esas con superproducción dado su costo. Igual, le salió más para la comedia.

Dinosaurios
Cómo considerar seriamente que un tipo como Abel Posse sea el nuevo Ministro de Educación de la Ciudad? Un dinosaurio con incontinencia verbal? Qué pasa con los asesores de Macri? Con amigos así, no hacen falta enemigos.

Temas fuera de agenda
Vivienda, desarrollo urbano, creación de trabajo, más y mejor educación. Todos temas vedados en la agenda de la gestión.
A esta ciudad le falta mucha, pero mucha gestión. Los gobiernos progresistas que la comandaron no hicieron nada bueno de ella: no la gestionaron, y tampoco le metieron mucha izquierda. Los que ahora hacen Buenos Aires no se destacan por su burocracia calificada.
Pero además, no nos confundamos, si algo se ve de derecha, huele a derecha, se oye como la derecha (y tiene bigote!), es porque es LA DERECHA.

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10 noviembre, 2009

Reforma (de la construcción) política

Desde Conciencia Crítica queremos aportar al debate respecto al proyecto de ley de “Reforma política” (que en realidad modifica aspectos centrales de varias legislaciones) a partir de reforzar algunos de los interrogantes que plantea José Natanson en su nota de Página/12. Como bien señala el autor, el efecto final de la modificación de las normas es indefinido, pero sí podemos discutir que tendencias se ponen en movimiento para conocer los posibles resultados de su implementación.
La primera pregunta que creemos importante es: ¿Cuándo se profundiza la participación política de la población? ¿Es a través de la igualación de la incidencia política del afiliado y el “independiente”? Como se señala en el artículo, la igualdad al momento de elegir los candidatos diluye el incentivo a la afiliación, proceso que es central si, otro de los cambios que tomaremos más adelante, es la cantidad de afiliados requeridos para mantener el status de partido político. En este sentido, habrá que ver que sucede porque bien podría ocurrir que se reduce el incentivo a afiliarse y eso conlleva a la desaparición de partidos que, en el contexto actual, tienen un buen funcionamiento interno.

A su vez, ¿a qué programa se va a ajustar el candidato? ¿al de los independientes que simpatizan con el espacio o el de los militantes que lo construyeron?¿Qué mecanismos sobreviven a la apertura a la participación independiente para asegurar que el programa se lleve a cabo? Y más aún, en esos programas ¿se diluirá más el contenido político para atraer más votantes independientes? En otro post señalábamos que este punto –la necesidad de un programa integral y coherente así como mecanismos para hacerlo respetar por sus candidatos- es central para construir una democracia que transforme cualquier país.
Por el otro lado, un interesante posible efecto es el que Natanson rescata de Artemio López: un justicialismo y radicalismo limitado a un solo candidato cada uno será muy fuerte en cada distrito pero perderá parte de la atracción que logra al presentar varios. La magnitud de esa posible caída en los votos es importante para partidos más pequeños y nuevos que disputan espacios tanto a izquierda como a derecha de ambas estructuras.
Sin embargo, esos partidos con sus pequeños grupos de afiliados (como señalamos, quizá desincentivados a continuar participando si el esfuerzo militante no conlleva primacía alguna al interior del partido) son los más acosados por la reformas a los pisos para mantener la personería. Aquí discrepamos con Natanson; es difícil pensar que la necesidad de sobrevivir como organización conlleve a su unificación entre ellos. Es más posible que se diluyan en acuerdos con los grandes partidos, salvo casos muy particulares como podría ser la Ciudad de Buenos Aires. ¿Qué decir de estructuras como el Partido Obrero o el Partido de los Trabajadores Socialistas que, sin contar con estructuras suficientes para tales fines, trabajan internamente de manera correcta, y es imposible considerar una alianza con tales partidos históricos?
En cambio, las modificaciones respecto al financiamiento de campaña y sus límites sí benefician a esos partidos pequeños. La limitación en los aportes de empresas o de billeteras familiares permite igualar el alcance social. A pesar de eso, es difícil pensar que la simple letra de la ley va a modificar las estratagemas para eludir las regulaciones.
Es claro que, además de discutir los alcances de cada modificación (por lo visto un punto porcentual hace la diferencia), quedan otras tantas cuestiones por discutir. La posible inclusión del voto electrónico -de la que resta asegurar su transparencia-, conllevaría no solo una simplificación del recuento sino que también eliminaría los costos para los partidos, y las trampillas de robo de boletas. La boleta única, con efectos en idéntico sentido, pero de difícil aplicación con tantos partidos. La eterna discusión de la lista sabana, etc. etc. etc.
En fin, muchas preguntas. Sin embargo, habrá que pensar globalmente como generar los instrumentos para permitir la contienda más pareja posible. A su vez, en ese proceso no deben perderse las diferencias necesarias de pensamiento y proyecto, al tiempo que no se termine de diluir los incentivos a la militancia política. Ésta, por último, no debería dejar de ser un objetivo.

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03 octubre, 2009

La funcionalidad de la centroizquierda a la democracia

Muchos cosas han pasado en la discusión política argentina en el marco del debate de las últimas dos legislaciones: los “superpoderes” y la “ley de medios”. Casi siempre, el “debate” fue decodificado, en la opinión pública, en los siguientes términos: el oficialismo imponiendo por la fuerza las decisiones, la oposición por derecha llamando al consenso como forma de presentarse como la defensora de la república y la centroizquierda siendo funcional al gobierno. Ahora bien, cómo podemos entender rápidamente las tres posiciones, y sobre todo la última que nos interesa particularmente.
El kirchnerismo es, desde su inicio, expresión de un vacío de poder resultado de la crisis del 2001 y, por tanto, conformado bajo un liderazgo fuerte y verticalista. En un primer momento, su debilidad fue compensada con la alineación con un sector progresista de banderas heredadas de la década anterior. Conforme se reestructuraba la histórica base de poder del peronismo, dicha transversalidad fue mutando a la “normalidad” de ese partido, CGT y territorio. Así devino la Concertación y ruptura. Sobre esa base difícilmente pueda converger a lo que se le critica desde la oposición, “dialogo y consenso”; por ahora, aceptando el significado que ellos le dan.

Ahora bien, la oposición, concluidas las elecciones del pasado 28 de junio, construyó su discurso sobre la base de una supuesta debilidad oficialista. A su vez, sobre la creencia de que su victoria se debía al agotamiento de las formas políticas del kirchnerismo –sobre lo cual nosotros tenemos otra lectura-, apostó a marcar los tiempos de la agenda parlamentaria de manera de lograr realizar su programa político, aun antes del cambio de mandato. Sin embargo, el oficialismo, aunque sea hasta aquí, ha mostrado una importante capacidad para utilizar banderas históricas (la lucha por los derechos humanos, una nueva ley de radiodifusión, independencia del poder judicial, etc) le son ajenas, con el fin de estructurar a su alrededor mayorías que le conservan la iniciativa. Frente a ese escenario adverso e insospechado para ellos, la oposición ha mostrado que lo que significan las palabras “consenso” y “democracia”, no es tan distinto a aquello que entiende el oficialismo: es consensual cuando yo lo impongo pero si es el contrario es atropello. Claramente, el oficialismo no es el sumum de la pulcritud institucional, y la oposición ha mostrado que tampoco le importan mucho esas cuestiones:
Caso 1: la decisión de retirarse de la sesión de diputados de la “ley de medios” en lugar de dar la pelea en el recinto, lugar donde el consenso y el debate deben darse, es un claro ejemplo. A su vez, si observamos que de haber permanecido hubieran contado con los números suficientes para modificar artículos que criticaron, el desprecio por las formas se conjuga con una miopía importante.
Caso 2: frente al rumor de que el Vicepresidente del Senado enviaría el proyecto a sólo 2 comisiones, se señalaba el atropello y la falta de debate. Sin embargo, cuando se termina enviando a 4 comisiones -en línea con las demandas de la oposición- se toma como debilidad del kirchnerismo. ¿Acaso no se trataba de la necesidad de esa apertura para permitir un debate enriquecedor? Si es así, deberían celebrar el logro político para alcanzar sus objetivos respecto a la ley, no como pancarta política para desacreditar al gobierno.
Caso 3: la gran mayoría de las excusas para no dar el debate respecto a las diferentes leyes fue, con intensidad creciente, la falta de legitimidad de la actual conformación del Congreso. Aunque es discutible el argumento, de ninguna manera puede ser esgrimido por partidos que, en el gobierno, envían similares leyes a sus parlamentos en igualdad de condiciones, como el PRO en la Ciudad de Buenos Aires. En el mismo sentido no puede culparse de tal problema al inconsensuado adelantamiento de elecciones ya que Macri realizó la misma operación.
Lo patético de la oposición de derecha es que ni siquiera en las temáticas relacionadas a sus críticas al gobierno pueden mantener la apariencia de ser democráticas, republicanas como se intentan mostrar. Allí estará quizá la imposibilidad de arrebatarle la iniciativa al oficialismo a pesar de haber derrotado a Kirchner.
En tercer lugar, nos encontramos a la centroizquierda. ¿Cómo podemos analizar su participación en los debates? ¿Por qué razón se “someten” al gobierno? Ante la realidad de que no tiene el número suficiente de legisladores para marcar la agenda, la centroizquierda reconoce su rol de espectador y -en virtud de la fragmentación del peronismo- árbitro de las decisiones legislativas. De allí, de su incidencia en el quórum y la aprobación de las leyes, que desde diversos sectores se lo catalogue como “funcional”. Sin embargo, la centroizquierda actúa de manera coherente con lo que significa “consenso” y es respetuosa de los acuerdos programáticos que los vieron nacer como fuerzas políticas:
Caso 1: enfrentados a la decisión de si la oposición en ascenso debe tener la potestad de determinar los impuestos a la exportación, la izquierda da el debate y niega esa posibilidad.
Caso 2: al momento de la votación respecto a la “ley de medios”, bandera importante de las organizaciones de base que conforman tales espacios, estas agrupaciones políticas discuten los aspectos negativos de una legislación que, consideran, va en el sentido correcto. De allí su negativa inicial. Sin embargo, se logran mejoras evidentes y, en el marco de aquellas banderas y la eliminación de las aristas más problemáticas, se vota afirmativamente como paso, quizá pequeño, para mejorar la legislación vigente.
Como vemos, la coherencia programática tiene su costo. Cuando, en vista de esos acuerdos, agrupaciones enteras dan quórum y votan a favor de la legislación sin importarles quién redacto el proyecto, son denostados como traidores al mandato que recibieron o directamente de haber sido comprados. Fuera de la descalificación personal, que en ningún momento o lugar sirven para nada, una democracia es inviable si los proyectos “buenos” son aquellos redactados por personas cercanas a nuestra posición y no por las transformaciones que logran o permiten.
Como otra expresión del desconcierto sobre como deben funcionar las instituciones que todos dicen intentar construir, los periodistas se preguntan sobre la desaparición de los partidos políticos. La pregunta no debería ser esa sino, ¿cómo no van a desaparecer si se condena que los legisladores como bloque, en respeto de los acuerdos políticos propios, voten en mismo sentido?
Caso 1: cuando los legisladores del Frente para la Victoria votan afirmativamente y en conjunto, en consonancia con la plataforma 2007, que sostenía explícitamente buscar una nueva ley de medios, los medios y la oposición por derecha afirma que son presionados por diversos métodos –y todos poco claros- por Kirchner.
Caso 2: cuando el vicepresidente, en total desprecio de esa misma plataforma por la que alcanzó esa posición, vota en contra de su propio gobierno, es un triunfo de la conciencia de los legisladores y de la democracia. ¿Es que no estaba de acuerdo con su propia plataforma?
Caso 3: como las expresiones de Carrió sosteniendo que su Coalición defendería cualquier monopolio contra los Kirchner. Recordemos que en sus plataformas siempre sostienen lo importante de la desconcentración económica, al tiempo que en 2007 también sostenía la necesidad de aplicar retenciones.
La desarticulación de los partidos políticos, la ausencia de verdadero debate entre oposición y oficialismo, las maneras poco democráticas de los políticos y su desconocimiento absoluto de los acuerdos partidarios y con la ciudadanía son todos expresión de la ausencia, en cada agrupación política a su manera, de un proyecto de país.
Asimismo, el papel de la centroizquierda es, creemos, destacable por la coherencia en relación a un proyecto, que puede uno compartir o no, construido por debate interno con las bases de su militancia. Frente a él, los representantes actuaron como bloque en relación con sus compromisos asumidos. Así, ante un proyecto de ley, que evidentemente el oficialismo solo presenta por oportunismo y con todos los vicios que le son propios, que es un avance respecto a los objetivos programáticos, sorteadas las principales cuestiones negativas, no puede más que votar positivamente.
Sólo cuando los partidos posean proyecto de país consensuados al interior y con sus bases de militancia, cuando enfrentados a instancias políticas respeten tales acuerdos como bloque (y en caso contrario sean corregidos por sus bases) podremos decir que hay democracia. Sólo allí podremos utilizar correctamente la palabra “consenso” y podremos dejar de llenarnos la boca buscando pactos que no pueden ser si no hay proyectos detrás sobre los que discutir.
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04 julio, 2009

El post de las post-elecciones.

En los días previos a la elección señalamos que sería difícil entender el significado de los resultados de las elecciones y así es. Algunos pensaron que con la inesperada derrota de Kirchner en la Provincia sería más sencillo, pero no. Se complica aún más. En primer lugar, si de una construcción política conciente se trata, debemos intentar entender el proceso social del que sólo vemos una de sus formas más concretas (y sucintas) de expresión. Usando una reflexión de Wainfeld: “Cuando se elige cada dos años (y en varios niveles estaduales) es casi un disparate imaginar que el pueblo nunca se equivoca. Pero sería uno mayor, de lectura sociológica y de buena fe política, creer que no sabe lo que hace.” En segundo lugar, estos resultados imponen la necesidad de eliminar del análisis político la cuestión del aparato y el clientelismo, usada como excusa de malos resultados de las diferentes fuerzas a lo largo de los años. Finalmente, el resultado de la elección demuestra que la estrategia de la polarización del electorado no tiene tanta fuerza en elecciones legislativas como bajo unas de carácter ejecutivo.

Lecturas

¿Qué fue lo que pasó el domingo 28 de junio? Las explicaciones más comunes hablan de un rechazo a las formas “autoritarias” del kircherismo y un voto contrario al PJ. Por ejemplo,
Tomás Eloy Martínez señala que Cristina Fernández “…no se mostró conmovida por el movimiento sísmico de un electorado que la votó con entusiasmo hace casi dos años y que después de su conflicto sin tregua con los productores agropecuarios se volvió contra el estilo de confrontación que heredó del ex presidente, su marido”. Ahora bien, si eso fuera así debemos seguir explicando por qué los votos se dividieron como ocurrió entre los otros partidos no “autoritarios”.
Otra de las lecturas, proveniente del oficialismo realiza el siguiente análisis. Cuando uno es oficialismo posee casi todos los elementos para lograr un mejor resultado electoral, esto es, el aparato del Estado y sus recursos. A esto debemos sumarle los provenientes del Partido Justicialista. Y fue en este sentido que se jugó la campaña: apostando todo a defender el “modelo”. Entonces, la derrota vino de un voto de un electorado crecientemente derechizado en contra de las medidas del gobierno. Estas dos explicaciones deberían sumarse a otra que postula que las propuestas y proyectos de país de las demás fuerzas políticas cautivaron más a los votantes que las del oficialismo. Sin embargo, la campaña tuvo poco de eso y los principales contendientes (con las excepciones que marcaremos) no tienen absolutamente ninguna idea propia para la Argentina. Aquí no estamos haciendo un juicio de valor, no hay ni siquiera ideas frente a las que podríamos estar profundamente en desacuerdo y militar en contra. Dado que son intentos de justificación, más que explicaciones, y ninguno es satisfactorio, quizá podemos hacer una lectura propia de los comicios. Para ello, refugiémonos en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Qué sucedió allí? Evidentemente, el resultado del PRO no fue el esperado, el del Acuerdo Cívico y Social (ACyS) tampoco y ni que hablar del Frente Justicialista para la Victoria. Frente a ellos surgió como principal fuerza Proyecto Sur. Si miramos el panorama nacional, podemos señalar que hubo pocas otras sorpresas (la derrota en la provincia de Buenos Aires no era esperable pero era plausible, y en las demás provincias todo pareció en orden). ¿Qué ofrecía Proyecto Sur frente a los demás? Claramente, por fuera de la posiblemente convocante personalidad e historia de Pino Solanas, hubo algo más. Un punto clave: la Ciudad siempre garantizó un resultado como este para la fuerza que pudiera personificar consistentemente el voto progresista (así fue con Zamora, Ibarra y Carrió). A todo eso le sumamos un discurso con contenido, muy relacionado con las banderas opositoras al menemismo. Frente a ello, el PRO no presenta ninguna idea, el ACyS tampoco y, ante un electorado normalmente refractario al peronismo, el golpe de gracia para ese espacio fue que el candidato principal fuera un miembro del PC (hecho difícil de digerir para esa parte del electorado). En este sentido, podríamos ver que en el ámbito de la Ciudad no existió una derechización (siendo que es el principal distrito “acosado” por los medios de comunicación masivos) ni hubo un voto contra el “autoritarismo kirchnerista”, que estaría mejor representado por el PRO o por el ACYS y descartamos así (o al menos ponemos en duda) dos de las explicaciones antes mencionadas. De esta manera, compartimos la lectura de aquellos que señalan la pérdida de entidad del kirchnerismo en su pejotización y derechización. Si nos detenemos a analizar la evolución de sus políticas vemos una importante desilusión respecto a las primeras medidas de centroizquierda y una pérdida de iniciativa e impulso al respecto. A su vez, la trasversalidad original que se planteó con la apertura a movimientos sociales y diferentes organizaciones, fue trastocándose en una cerrazón peronista en lucha directa contra ellas, que terminó realineando el voto de centroizquierda en la Ciudad para Proyecto Sur y en la Provincia hacia Sabatella. Tan es así que Carrió, que hace tiempo dejó de personificar coherentemente ese espacio, casi queda afuera del Congreso. En el mismo sentido, D’ Elía hace una lectura interesante al respecto. A tono con su estilo, decretó que "haber presidido el PJ ha sido el peor de los errores políticos de Néstor Kirchner" y continuó: "El PJ es una estructura fuertemente cuestionada junto con la UCR en la crisis de representación política desatada el 19 y 20 de Diciembre de 2001. Hoy se puede ver a todas luces como ese partido conservador y de derechas, vacío de política e ideologías, profundamente amoral en sus practicas, contiene en su seno a muchos dirigentes, dueños de un pragmatismo corrosivo y de un escepticismo crónico respecto a las utopías generadoras de la sociedad nueva que queremos construir: humanitaria, inclusiva, libre, fraterna, autonómica, liberada”. “No se pueden llevar adelante muchos de nuestros sueños del pasado con una estructura infectada irremediablemente de derrota cultural. Sencillamente no pueden defender la memoria, la verdad y la justicia los mismos que apoyaron el olvido y la impunidad”. Por su parte, Eloy Martinez -que ya vimos sostiene la tesis del voto “contraautoritario”- señala que “Esas laboriosas mayorías, al votar, apoyaron incluso agendas que no se ve cómo podrían mejorar su mediocre calidad de vida” y reivindica entonces a Solanas: “En contraste, Pino Solanas, cuya excelente elección en la ciudad de Buenos Aires nadie esperaba, planteó un modelo de país. Se puede estar o no de acuerdo con él, pero al menos su discurso estuvo lleno de ideas.” Es decir, perdieron votos por errores propios hacia la derecha (entre los que deberían sumarse los votos que habían reflejado la mejoría notable de la situación económica en elecciones pasadas) y por mejores propuestas a la izquierda. En contra de esta lectura, el PJ ha levantado sus propios análisis que oscurecen la plausible reacción de los votantes, remplazándola por lógicas a priori. Una afirma que “… no hubo un voto que castigó un modo “autoritario” de conducir. Hubo un voto pancista que volvió a despreciar la política y que buscó alejar la posibilidad de una mirada comunitaria sobre la vida, por parte de los creen que para ellos está todo bien y que los dejen de embromar”. Con esa lógica del “que se vayan éstos, que venga cualquiera” pretenden no sólo entender la derrota del kircherismo, sino “también el voto positivo a una figura oscura, sin ninguna propuesta concreta, surgida de un marketing feroz, que utilizó como principal argumento ser protagonista en un programa cómico de televisión y decir que estará al lado del campo”. En ese caso, ¿no deberíamos preguntarnos por qué “alguien oscuro y sin propuestas” (1) le gana a un supuesto proyecto consolidado? O ¿por qué el proyecto no logró modificar en lo más mínimo la ideología de los noventa donde no existe una entidad nacional o comunitaria? Si lo hacemos vemos que el problema, como señalan otros, no es que los que no son “nacionales y populares” voten a la derecha (eso tiende a ser así), sino que el kirchnerismo no puede personificar un voto progresista frente a ellos. En el mismo sentido se expresa Scaletta: “En base al discurso redefinido a partir de marzo de 2008, el Gobierno no debería preocuparse si su apoyo disminuye entre las clases altas y medias altas. Después de elecciones adversas ya no es tiempo de listar lo conseguido, sino de repasar lo que se hizo mal; las fuentes del descontento de las mayorías.” Esto es lo más preocupante: que se busquen excusas para el resultado (o se insista en no reconocerla) cuando de lo que se trata es de transformar el país, con el apoyo popular. Frente a los clásicos ajustes de cuentas del PJ, Krakowiak lo resume así: “Lo que le faltó al Frente Justicialista para la Victoria no fueron lealtades partidarias sino votos”. Bajo la misma negación, uno de los ministros más importantes atribuye todo a simples problemas de comunicación. Quizá esos problemas podrían haberse salvado con la efectiva puesta en práctica de las iniciativas, pero esto no sucedió. Y aquí volvemos a la pregunta central: ¿puede el gobierno reformularse y avanzar en la senda progresista para recuperar los votos perdidos? Sus propias organizaciones plantean el interrogante: ¿Puede personificar las transformaciones que sólo aparecen en el discurso y no en los hechos? ¿Puede en este momento de debilidad apartarse del PJ y sus organizaciones?

¿Qué pasó después?

A partir de la derrota, se desencadenaron los hechos: Kirchner abandono el PJ y lo dejó a Scioli, único presidenciable del oficialismo -ahora con pocas chances- para apagar el incendio interno. Frente a esa situación
volvieron a aparecer los históricos, reclamando una cuota del poder para enderezar el camino. En el mismo sentido, se plantea la renovación de autoridades y estructuras internas del PJ). A su vez, gran parte del esquema de poder político se resquebrajó con la derrota (aún cuando sus efectos institucionales se demoren varios meses en llegar) a lo que debemos sumar el aceleramiento de las causas judiciales. Sin embargo, frente a las amenazas del “fin del kirchnerismo” (existentes al menos en la cabeza de Das Neves), su jefe ensaya salidas quizá en el sentido que marcamos, pero “no está muerto el que pelea” y parece que –dato no menor- al que pelea lo acompaña la economía.
Como vemos, en una semana pasó de todo (y seguirá pasando lo que ameritará otro post). Pero los temores a la derecha no parecen tener tanto sustento material. En la Ciudad no mantuvieron su nivel de aceptación luego de un año y medio de gestión (supuestamente su fuerte) y en la provincia han ganado, pero por escaso margen. Su socio peronista ya muestra sus ganas de abandonar el barco. A su vez, todas las fuerzas opositoras por derecha se mostraron como lo que son: “Aunque durante la campaña pidió ampliar y ahondar el diálogo, el peronismo disidente se volvió receloso cuando se confirmó que había ganado en la poderosa provincia de Buenos Aires. A las pocas horas, la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, ya pronosticaba "problemas de gobernabilidad". Con grandes fiestas para recibir los resultados, pero poco proyecto para compartir. Como decía Perón correctamente “la única verdad es la realidad”. Y, si bien esta realidad se muestra siempre confusa, habrá que seguir indagando para poder entender y, claro, cambiarla.

Notas al pie. 1. Como lo pone Forn “… lo que a mí me salta más nítidamente a la vista cada vez que escucho hablar a De Narváez, a Macri, a Biolcati, a Prat Gay, es su cobardía más íntima: que nunca, nunca, se hayan atrevido a pensar nada por sí solos, que hayan esquivado todas las oportunidades que les salieron al paso para construir su identidad con sus propias palabras, que sean incapaces de ver en la palabra “nosotros” otra cosa que un atávico mecanismo reflejo que les permite identificar al instante quién es como ellos y quién no.
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25 junio, 2009

Elecciones '09 - Segunda parte

Candidaturas testimoniales.
La estrategia electoral del kirchnerismo, consistente en presentar candidatos que actualmente ocupan cargos públicos electivos (en la gobernación o en distintas intendencias), y que muy probablemente no asuman las nuevas responsabilidades para las que sean ungidos -aún en el caso en que triunfen-, motivó el airado rechazo por parte de las distintas fuerzas políticas (especialmente Unión PRO, Coalición Cívica y el radicalismo) y también de algunos medios de comunicación claramente opuestos al gobierno nacional (Clarín y La Nación).
La jugada recorrió dos instancias judiciales, en las que los fallos resultaron invariables: no se encontraron evidencias que motivaran la impugnación de las candidaturas testimoniales. Agotado el camino legal, las fuerzas de oposición mencionadas apelaron a la critica moral, sosteniendo que el kirchnerismo en esencia lo que se proponía era estafar a la ciudadanía. Tal discurso forma parte de una estrategia más general por parte de estas agrupaciones, que intentan dividir el espectro político en torno a un polo republicano (ellos mismos) y otro anti-republicano (el kirchnerismo, o el peronismo en su conjunto, despreocupado por la suerte de las instituciones y por las buenas prácticas). Sin dudas las candidaturas testimoniales merecen ser criticadas, por un lado, porque significan un paso más en no cumplir con la palabra empeñada y muestran una total indiferencia hacia los medios que permiten acceder al poder o conservarlo, no contribuyen en nada a recuperar la política como construcción transformadora reconocida por la sociedad. Por el otro, acentúan la indiferencia respecto de las ideas y proyectos, ya que la campaña se convierte en un plesbicito constante, donde lo hecho alcanza para justificarse y se niega la posibilidad de nuevas alternativas, donde toda construcción ajena se iguala en “la oposición” Sin embargo, este tipo de prácticas no son patrimonio exclusivo del kirchnerismo. Al respecto, en Unión PRO (supuesto baluarte de la República) Gabriela Michetti ha renunciado a su cargo de Vice jefa de Gobierno porque aspira a ser diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Mauricio Macri, asimismo, llegó a ser Jefe de Gobierno, gracias a haber incumplido su mandato de diputado. Lo mismo puede decirse de Felipe Solá. Para completar el cuadro republicano, resta hacer mención a Julio Cobos, ungido vicepresidente por compartir la fórmula presidencial con Cristina Fernández dentro del Frente para la Victoria, y que hace campaña en contra del propio gobierno que aún integra. Y qué decir de los pequeños partidos, que presentan el mismo candidato para distintas categorías. Ahora bien, si tales prácticas, con sus lógicas particularidades, resultan en esencia comunes a toda la dirigencia, tiene que haber alguna causa también común que opere en ese sentido. Esa causa reside en la ausencia de partidos políticos institucionalizados. Desde un punto de vista meramente teórico, los partidos resultan imprescindibles en los sistemas democráticos básicamente por tres razones: permiten agregar demandas e intereses sociales en el terreno político-electoral; contribuyen a la formación de cuadros de dirigentes; y poseen una determinada concepción del mundo o ideología que respalda y prefigura sus prácticas. Con esto en mente, cabe hacer una sintética revisión sobre las causas que llevaron al oficialismo a presentar candidaturas testimoniales. Básicamente se perciben dos tipos de razones: la primera, evidente, porque no tiene suficientes figuras que le aseguren un buen resultado electoral; la segunda, porque evita una fuga de intendentes hacia las filas de Unión-Pro. En ambos casos, la cuestión de fondo es la ausencia de un partido político sólido que pueda diversificar su oferta de candidatos o que en su defecto represente para el electorado una ideología que sea independiente de los candidatos ocasionales. Tanto como en los noventa se observaba el proceso de “farandulización” de la política, hoy nos enfrentamos con el siguiente paso donde la determinación se ha invertido. No es simplemente que para ser candidato con posibilidades se debe asistir a programas de televisión y demás sino que ahora es la propia televisión la que marca el discurso al candidato. Esto sólo es posible cuando la ausencia de ideas, propuestas y partidos ha llegado al límite de su existencia. En definitiva, estas problemáticas no son más que otra manifestación de la debilidad de los partidos políticos y su contraparte, la personalización de la política.

Desnacionalización, pronósticos e incertidumbre.
La crisis de los partidos políticos también tiene consecuencias importantes cuando se pretende analizar las fuerzas políticas que se disputan el poder de cara al 28 de junio. Ello se debe a que resulta sumamente difícil hacer una lectura a nivel nacional del mapa político actual. Más bien, estas elecciones evidencian una firme tendencia de la política argentina hacia su provincialización. Al respecto, conviene hacer un breve repaso por los distritos electorales más importantes del país. Siempre según las encuestas (a las cuales les dedicaremos un capítulo más adelante, con el “diario del lunes”), en la Ciudad de Buenos Aires todo parece indicar que el primer puesto sería para Unión-Pro (Michetti); en provincia de Buenos Aires se pronostica un triunfo del kirchnerismo (Kirchner); en Santa Fe la disputa se da entre el socialismo (Giustiniani) y el peronismo (Reutemann, alejado del kirchnerismo); en Mendoza parecería que gana el cobismo; en Córdoba, por último, se espera que triunfe una fuerza independiente (Luis Juez). Con este mapa político, a la pregunta sobre quién ganará las elecciones debería anteponerse otra, quizás más importante, ¿qué significa ganar las elecciones en este caso? El kirchnerismo apuesta a ganar en la provincia de Buenos Aires y en muchos de los distritos chicos. Con esto, se proclamará victorioso. La oposición, sin embargo, si esos son los resultados electorales, dirá que el kirchnerismo perdió en la mayoría de los distritos electorales importantes. Al margen de estas consideraciones merece ser resaltado que por la propia debilidad de los partidos políticos, y la consecuente personalización y desnacionalización de la política, los resultados de estas elecciones girarán en gran medida en torno a la interpretación que se haga sobre los mismos y, a partir de ello, comenzará el carnaval hacia 2011.
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Elecciones '09 - Primera parte

A tan sólo tres días de las elecciones legislativas, previstas originariamente para octubre y que por conveniencia del oficialismo se adelantaron al 28 de junio, creemos necesario hacer una serie de reflexiones sobre algunas cuestiones y tendencias que se han puesto de manifiesto en el transcurso de la campaña electoral.

Respecto del adelantamiento.
Cuando a comienzos de año se armaban los planes electorales creyendo que se contaba con varios meses de trabajo previos a la campaña, primero en la ciudad de Buenos Aires y luego a nivel nacional se decide el adelantamiento de los comicios. Sea justificado para separar las decisiones que tienen que ver con aquel ámbito restringido de la contienda nacional o por la necesidad de enfrentar la crisis sin un debate preelectoral contemporáneo, la decisión tiene un simple contenido oportunista, enfrentarlas en las mejores condiciones esperadas por parte de los partidos en el gobierno.
Aunque alteró las reglas de juego, y ello no resulta conveniente en un año electoral, la decisión, desde nuestra perspectiva, merece ser criticada no tanto desde un punto de vista legal sino más bien porque imposibilitó a los partidos políticos en particular y a la sociedad en general transitar con el debido tiempo una experiencia política en base al debate, la difusión y esclarecimiento de ideas y proyectos, la conformación de frentes o alianzas, la selección de candidatos mediante métodos democráticos, etc. Aunque todas las fuerzas políticas han sufrido el impacto de tales consecuencias, la situación se agrava en el caso de los pequeños partidos, a los que les resulta sumamente difícil, en tan breve período de tiempo, conformar las listas y posicionar a sus candidatos, conseguir los fondos para solventar los gastos proselitistas, y estructurar los ejes temáticos en torno a los cuales girará la campaña.

Ausencia de debate.
¿Qué está en juego el 28 de junio? Tomemos en primer término lo que surge de los discursos de los propios candidatos y partidos. Al respecto, el kirchnerismo señala que apuesta a profundizar el actual modelo productivo y de inclusión social, iniciado en 2003. En lo que a estas alturas resulta prácticamente un cliché, busca contraponer su actual modelo de gestión con lo acaecido durante los años ’90, intentando de tal forma suprimir de un plumazo evidentes continuidades entre uno y otro. Al respecto, en el período 2003-2008 la economía argentina creció en forma consecutiva a tasas anuales inéditas (superiores al 8 %). Sin embargo, tal dinamismo se asentó fundamentalmente en la “ventaja” competitiva lograda con la profunda caída del salario real provocado con la devaluación de 2002 y en una coyuntura internacional sumamente favorable por el aumento en el precio de los commodities. En tal sentido, cabe señalar que recién a fines de 2006 el nivel del salario real alcanzaba un nivel similar al registrado en 2001 (Encuesta Permanente de Hogares - INDEC, 2007), es decir, un poder adquisitivo resultado de diez años de -las recurrentemente denostadas- políticas neoliberales. No deja de ser sugestivo, en tal sentido, la manipulación de datos que el gobierno comenzó a efectuar desde hace dos años en el INDEC. No solo ha falseado los indicadores relativos a la inflación (lo que impide la debida recomposición salarial de los trabajadores) sino también han desaparecido los indicadores relativos al salario real y la distribución del ingreso.
Asimismo, sólo a partir del conflicto con el campo y con la crisis económica mundial en el horizonte próximo, el gobierno enfatizó en la necesidad de profundizar el modelo de acumulación vigente, en base a una mayor redistribución del ingreso. ¿Qué logró y qué propone para tal fin? Retrospectivamente poco -en relación con los indicadores más utilizados respecto a la calidad del empleo, la concentración del ingreso y la pobreza- pero a futuro el discurso gira siempre en torno a la necesidad imperiosa de la intervención estatal. Gobiernos del mundo de diferente signo (conservadores, liberales, de derecha, de centro y/o de centro izquierda) parecen coincidir en que frente a la crisis el Estado debe tener un rol más importante y activo que lo que suponía el precepto neoliberal. Sin embargo, al contrario de lo que el gobierno asegura, la intervención estatal por sí misma no garantiza una mejor redistribución del ingreso. Es necesario dilucidar la naturaleza de tales intervenciones. Más allá de pretender alejar el temor a la instalación de un régimen al estilo Chávez, el kirchnerismo no ofrece muchas respuestas a qué significa profundizar el modelo.
Siempre en consideración de sus propios discursos, el campo opositor, en lo que aquí interesa, podría dividirse en dos, basado en discursos de los candidatos: a la derecha del oficialismo y hacia su izquierda. En el primer lugar, se encuentran Unión Pro y el Acuerdo Cívico y Social (UCR+Coalición Cívica+Socialismo). Ambas alianzas acuerdan -a pesar de ir en boletas separadas- en algunos puntos fundamentales: el primero, en hacerse eco de las demandas del “campo”. El segundo, es el abstracto discurso de la calidad institucional. El tercero, de fondo, es la oposición acérrima al kirchnerismo. Con respecto a la primera cuestión, se declama la necesidad de eliminar totalmente las retenciones a la exportación de gran parte de los productos agrarios, aún cuando hasta las pasadas elecciones presidenciales alguna de esas agrupaciones llevaba la bandera contraria (la Coalición Cívica incluso planteaba un esquema con retenciones móviles). Sin embargo, de ningún modo responden sobre cómo cubrirían los ingresos fiscales faltantes o, en su defecto, qué rubro presupuestario reducirían. El segundo punto se conecta, evidentemente, con el tercero. El kirchnerismo es visto por este sector político como la máxima expresión de la degradación institucional del país. Las críticas en general tienden a centrase en el carácter confrontativo de Néstor Kirchner, en su naturaleza “despótica” para tomar decisiones, en la existencia de un doble comando que debilita la investidura presidencial. También plantean una batería de acciones, muchas de ellas de índole legislativa, destinadas a revertir algunas de las medidas institucionales más polémicas del kirchnerismo, como la reforma de Consejo de la Magistratura y la delegación de las facultades presupuestarias hacia del Ejecutivo (justificable, esta última, durante la inmediata salida de la crisis pero no un lustro después).
Asimismo, en ciertos contextos electorales, como en la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, el discurso en pos de la seguridad resulta efectivo a la hora de recolectar votos, y en tal dirección apuntan ambas agrupaciones, Unión Pro y el Acuerdo Cívico y Social.
En definitiva, en este sector no se observa ninguna crítica al modelo kirchnerista que haga eje en la necesidad de redistribuir el ingreso y de atenuar las desigualdades sociales, salvo en muy contadas excepciones en sus discursos. En síntesis, es una oposición que corre al kirchnerismo por derecha con tanto contenido sobre el qué hacer económico como el oficialismo.
En el otro sector del espectro político, se encuentran, con posibilidades y potencialidades dispares, Proyecto Sur (con Pino Solanas), Autodeterminación y Libertad (AyL, con Luis Zamora), Partido Encuentro (Martín Sabbatella) y los partidos de izquierda (PTS, MST, PO). Cabe aclarar que aquí nos limitamos a analizar los contendientes que presentarán candidatos, por lo que no haremos consideraciones sobre aquellas fuerzas que plantean como estrategia ir por fuera -y en contra- del acto electoral).
Proyecto Sur, que aglutina un conjunto de fuerzas progresistas, disfruta de buenas proyecciones con un discurso centrado en el aprovechamiento nacional de la renta de los recursos naturales y la recuperación de lo público (con eje central en el Estado), así como de la visibilidad y carisma de sus candidatos. En parte, su incidencia en la campaña viene dado por los sectores progresistas no peronistas, muy presentes en la Ciudad, así como de los desencantados con el kircherismo y sus creciente conservadurismo y “pejotización”. En este caso, con alguna propuesta concreta muestran -en el desértico mapa de las ideas- una destacable diferencia. En el caso de AyL las chances son muy menores debido a la muy cuestionada experiencia previa de Zamora.
En el campo de los partidos de izquierda subyace, en el pensamiento común, el viejo cuestionamiento al porqué se encuentran persistentemente separadas, a pesar de sus evidentes coincidencias. Aunque se enfrentan con un sectarismo claro, sus problemas no son reducibles a la mera falta de voluntad política. Lo central, creemos, parece ser la ausencia del sujeto al que dirigen su acción: un movimiento obrero dispuesto a bregar por una salida anticapitalista. Frente a ello, la población trabajadora parece mucho más proclive al peronismo.
En definitiva, la campaña electoral no ofrece grandes debates entre los contendientes, y escasas ideas a futuro. En ese contexto, las candidaturas testimoniales, la solicitud de impugnaciones hacia algunos candidatos, y la supuesta relación entre De Narváez y el contrabando de efedrina, han ocupado el centro de la escena proselitista. Sin embargo, estas discusiones transitaron más por los tribunales que por el campo estrictamente político. La judicialización de la política no es sino el resultado de la falta de política.
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01 marzo, 2009

Alianzas frágiles III - Izquierda fragmentaria

En el marco de la reestructuración de los espacios políticos inaugurado por el resquebrajamiento del Kirchnerismo, llama la atención la posición de los diferentes espacios a la izquierda del oficialismo.
Desde armados políticos de carácter plural como Proyecto Sur hasta partidos con representación legislativa importante como el SI –ya desprendido de la Coalición Cívica-, tanto como referentes individuales del espectro -como Sabbatella-, se muestran propensos a la conformación de un bloque que intente, si no ganar las elecciones, contrapesar el importante viraje a la derecha del kirchnerismo y la movilización de las nuevas alianzas por derecha (PRO-Peronismo y Coalición Cívica). A este conjunto pueden agregarse los partidos tradicionales de izquierda que, perdidos en sus planteos y luchas históricas, lejos están de poder construir un programa común.
En este sentido, dos son los puntos que detienen las posibles confluencias, aunque pocas refieran a temas centrales de las políticas a impulsar.
El primer gran conflicto es qué ha significado y cómo analizar la experiencia kirchnerista. Los referentes de Proyecto Sur, por un lado, critican duramente su política de recursos naturales y su desatención de los problemas sociales. Estos planteos serían la versión en espejo de la defensa a ultranza del kirchnerismo, que involucra poner en la misma bolsa a la política de derechos humanos y al INDEC. Por otro lado, gente como Sabbatella plantea la necesidad de defender la apertura al debate de diversos temas que generó el kirchnerismo en sus primeros años y trabajar desde ellos para alcanzar nuevos horizontes. Frente a este conflicto, creemos que lo central es - como señaló Galasso en su debate con Proyecto Sur, y también Sabbatella- construir las propuestas y los objetivos propios de manera coherente y, en base a ellos, definir las formas de hacer política y con quién. Aún con sus miles de errores, no pensamos que el kirchnerismo sea lo mismo que Menem, por lo menos gracias a sus formas que abren camino al debate, quizá no con sus elementos más pejotisados, pero sí con el entorno.
El otro gran problema -que surge nuevamente de la inexistencia de programas y propuestas- es la lucha por los espacios al interior de la alianza y en particular a la hora de armar las “boletas”. Lo importante es que lo planteado por Hourest en los últimos días sobre el ego, vaya más allá de las palabras y se encamine hacia las construcciones.
En un contexto de crisis mundial y, en particular en nuestro país, en el marco de la creciente dependencia por parte del Kirchnerismo de los resortes típicos del peronismo tradicional (y del resentimiento social -quizá manipulado pero no por eso menos real- generado en el último año) las perspectivas de un viraje a la derecha son elevadas. Aquí se juega algo importante entonces: el papel de la izquierda, la posibilidad de expresar y potenciar una gestión de la crisis que minimice (o al menos lo intente) sus efectos y, a la vez, siente las bases de un modelo que permita avanzar con lo que el actual no ha podido (ni intentado) resolver. En ese camino, el reconocimiento de la necesidad de discutir programas (más allá de los nombres) y comenzar la construcción política desde cero, son dos de los aportes más importantes que reconocemos en la discusión política actual. Veremos ahora si la izquierda es capaz de aglutinar las voluntades que hasta ahora no logra conmover.
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28 febrero, 2009

Alianzas frágiles II - Peronistas que piensan, diría Perón

En noviembre de 2008 Felipe Solá confirmó su alejamiento del bloque kirchnerista (dónde tenía mandato hasta 2011), al tiempo que anunciaba la formación de una nueva alianza.
Repasemos un poco: Solá fue gobernador de Buenos Aires durante la gestión de Eduardo Duhalde y reelegido con Néstor Kirchner. Luego, se ilusionó con ser el vice de CFK y tampoco pudo ir al frente de Diputados. Le ofrecieron la embajada en París, pero la rehusó. En el milenio pasado, y bajo el ala de Menem, fue Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación hasta 1999, cuando fue vice-gobernador de Ruckauf en la provincia.
A partir de su salida del bloque K, se mostró nuevamente con Duhalde. Luego, dialogó con Lavagna, a quién ya había consultado por la ley de eliminación de las AFJP’s y el blanqueo de capitales. También se acercó a Alberto Fernández (ex jefe de Gabinete de Kirchner). Tiene sus miras puestas tanto en las elecciones de octubre en la Provincia, como en las presidenciales de 2011.

Macri. Sus alianzas incluyen a Solá y De Narváez. Posiblemente, también al “campo”. Y quizás, incluso al cobismo, los radicales o la Coalición Cívica. Tanto es así, que desde el PRO afirmaron que "el único límite del PRO es no trabajar con quienes no quieren trabajar con el PRO". También dijeron que "los valores de la inclusión, la salud y la educación públicas, que son los del peronismo, los encarna Mauricio Macri".
Donde todo se junta. Ahora, De Narváez (empresario millonario y diputado nacional), Macri y Solá anunciaron su unión, en pos de un frente común que pelee las legislativas de este año. Según dicen, es momento de tejer alianzas porque “la elección de octubre es particular".
De su plan de gobierno poco se sabe. De Narváez dice que hay que abrir puertas. Solá afirmó que el eje debe ser combinar “inclusión con seguridad”. Macri ya sabemos lo que dice y lo que hace y, sobre todo, lo que no dice y no hace. Esto no parece más que un rejunte oportunista, unido por no mucho más que el respaldo al difuso “campo”. ¿Otra característica en común? Todos estuvieron, de alguna u otra manera, vinculados con las políticas menemistas.
Si todo sigue como hasta ahora (difícil saberlo), para las elecciones de octubre habría tres actores: los K, esta alianza, y el mix radicalismo-coalición cívica-cobismo. La izquierda brillará por su ausencia en esta contienda: como siempre, las alianzas no son su fuerte y su debilidad parece, a estas alturas, casi intrínseca. Sin embargo, el anunciado fin de los K (que todavía está por verse) no puede tener una salida por derecha, y tampoco una tan conocida. ¿Y ahora?
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27 febrero, 2009

Alianzas frágiles I - Cría cuervos...

Felipe Solá fue el primero en alejarse del oficialismo, amenazaba hace rato y finalmente cumplió: dice que acompañó al gobierno mientras “la gente” lo hacía, pero ahora que “la gente” se cansó, él también. Carlos Reutemann lo siguió alegando que “Cristina no cumplió con las expectativas de la campaña”. Con él se fue otra santafesina: Roxana Latorre. Poco después, los imitaron Juan Carlos Romero (senador salteño, ex gobernador y compañero de fórmula de Menem en la presidencial de 2003) y su coterránea Sonia Escudero.
Y luego, tres diputados más: el ex gobernador provincial Jorge Obeid, junto con Walter Agosto y Ariel Dalla Fontana, con intenciones de replicar en su Cámara el espacio inaugurado en Senadores por Lole –Santa Fe Federal. Parece que lo anunciaron en un fax a Agustín Rossi de dos líneas, gente de pocas palabras. En duda hay algunos más: por lo menos, tres diputados entrerrianos.
Ahora parece que la cosa alcanza también a la Legislatura bonaerense: alrededor de una docena de diputados del FPV-PJ pasarían a alinearse con Solá. Sin embargo, el kirchnerismo asegura ser inmune: “Desde el tratamiento de la Resolución 125, a esos votos no los contábamos.” Agustín Rossi dixit. La oposición en cambio, anuncia que éste es el principio del fin.
A esto se suma el éxodo de varios gobernadores del radicalismo K, que ahora vuelven a ser radicales a secas, o se vuelcan al recién nacido cobismo.
De esto no hay mucho que decir: mientras Kirchner concentró poder, lo apoyaron y abrazaron la nueva ola “nacional y popular”; ahora que está en desgracia, si te he visto no me acuerdo. No hace falta ser muy purista o moralista, para sentirse espantado por el libro de pases del PJ. Sobre todo si vemos hacia dónde emigran estos cuervos...
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15 febrero, 2009

Sobre la boleta única.

En los últimos años, pero particularmente en los últimos meses, la forma que toma el acto electoral fue puesto en cuestión por sus conocidas imperfecciones. El voto a sobre cerrado, la desaparición de boletas, las dificultades de los partidos más pequeños -tanto de conseguir fiscales para controlar como de hacer frente a una campaña amplia al tener que imprimir sus propias boletas-, son los problemas más reconocidos.
En este contexto, la propuesta de 2008 consistía en avanzar con el voto electrónico, mientras que en 2009 la solución parece ser la “lista única” de partidos. Claramente este sistema tiene beneficios -sobre todo para los partidos chicos- al eliminar los problemas de “robo de boletas” y la necesidad de fiscales. En ese sentido sería ampliamente favorable para la democracia, al traer mayor igualdad para la campaña y a la capacidad de ser electos. Para los partidos opositores que la impulsan, en cambio, el principal beneficio sería evitar el fraude que –sostienen- se inició en la pasada elección presidencial, donde las denuncias de robo de boletas abundaron.
Ahora bien, posee un inconveniente importante: debido a la cantidad de fuerzas políticas en contienda, la boleta portaría únicamente los nombres de los primeros candidatos, aunque esta cuestión en teoría se solucionaría gracias a la presentación de las listas completas en el cuarto oscuro. En este sentido, sería un marcado retroceso en tanto no sólo no se avanzaría en la eliminación de la “lista sábana” (es decir, votar a todos los candidatos de un partido para diputados, por ejemplo, y no poder elegir a quienes sí y a quienes no), sino que se la profundizaría al ocultar el conjunto de candidatos. Aquí poco es lo que ha aportado la oposición para defender la medida, restringiéndose a la mera denuncia de un fraude que, hasta aquí, en el caso de haber sido importante no fue -ni mucho menos- decisivo.
Considerando la cuestión en conjunto, tampoco creemos que el sistema actual sea el más idóneo. Pero creemos que debe privilegiarse el trabajo sobre el diseño de un sistema de voto electrónico que resuelva las válidas objeciones realizadas (como la fragilidad de la información sujeta al fraude y su complicada implementación en jurisdicciones donde el “analfabetismo digital” es importante) y permita, a la vez, eliminar las listas sábana, la necesidad de fiscales y reducir el tiempo de escrutinio y sus costos.
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